jueves, 14 de junio de 2012

"La nada eterna".

Una noche, no hace mucho, me dolieron los brazos de abrazar al vacío, creyendo que era sólo mío. Pero por la mañana ya se había ido, estábamos yo y mi almohada. Había sido, sin más, un momento efímero.

Pero hoy me he sorprendido a mi misma acariciando su piel muda. Lentamente, mi cara, ha dejado de estar seca. No sé cómo, pero me ha mirado a los ojos y ha empezado a decir: "Shhh, no pasa nada, estoy aquí contigo".

Y ahora la fuerza empieza a resbalarse entre mis dedos y va cayendo al suelo. Vomito una última bocanada de aire. El vacío se estremece, con menos kilos que ocupar. Aquí no hay nada. Nada.