domingo, 29 de julio de 2012

Palomitas.

Fue después de masturbarse,
y con los labios rojos,
cuando decidió suicidarse.
Sería la paz que le regalara
el último orgasmo
la que le recordó que la vida
es paralela a la muerte.

Sumergió la cara en agua,
y las olas le arrastraron.
Cuentan que se oyeron disparos, 
pero no se encontraron balas.
Es gracioso, porque aquel ruido,
no era más que maíz,
explotando en un microondas,
convirtiéndose en palomitas.


sábado, 14 de julio de 2012

Mi caos.

De pronto todos empiezan a correr, sumidos en un terrible caos que les persigue. Te busco desesperadamente entre caras vacías, paralizada hasta que te encuentre. Y no te encuentro. Veo golpes, veo muecas de dolor, pero no oigo sus gritos. El mundo se ha parado por un momento y me muestra la cruda realidad a cámara lenta como diciendo "¡Mira! ¡Mira todo esto!".

Despierto de mi breve letargo con un escalofrío, entre empujones de desconocidos llenos de ganas de crear un mundo mejor. Sus ojos escupen rabia, miedo, pánico. Y, fíjate ahora: están huyendo. ¿Dónde estás?

Después de 13 asquerosos segundos, por fin puedo verte. Empiezo a correr hacia ti sin darme cuenta que voy en dirección contraria a todos los demás, que ahora no son más que obstáculos que esquivar. Alguien hunde su puño en tu estómago. Caes al suelo. Vomito sangre. Me levanto. Grito tu nombre. Golpes huecos. Y me arrastran sin que pueda hacer nada.

"Deprisa, vamos, tenemos que llevarte lejos de aquí, estás sangrando. Confía en mí... ¿vale?"

viernes, 6 de julio de 2012

Silencios cobardes.

Hubo un tiempo en el que hablaba con tu silencio. Yo le preguntaba "porqué" y él me miraba a los ojos, sin decir nada.

Y ahora tu ego sin voz y con semejante ciego, no tiene tacto para decirme nada más. Y, por lo visto, no es más que un cobarde por gusto.

Y justo pongo un pie en el tren y ese fantasma del que tanto he huido viene corriendo por detrás y me grita: "¡Eh, espera un momento!".

¡Los fuegos artificiales!

Me arranco el luto de la piel, 
pero mi alma sigue empapada en veneno.
Mi mente es la que se vuelve
más oscura aún, si cabe.
Y si te fijas,
se puede entrever mi cerebro
por el rabillo del ojo.
Pupilas negras y ebrias,
sobretodo negras.
Mira... ¡los fuegos artificiales!