lunes, 24 de septiembre de 2012

Sabor a cielo.

¿Por qué te has muerto? ¿Por qué me has abandonado? No puedo aceptar que te has ido y que nunca volverás, no puedo asimilar que ahora deba seguir sin ti, sin tus defectos, sin tus tonterías, sin tus enfados y sin los míos.

Acabando demasiado deprisa, huyendo demasiado lento. Cobarde y débil. Cobarde tú, yo soy la débil. Cobardes mis ilusiones, débiles tus esperanzas. Ilusiones asesinadas despiadadamente, sin vacilar, con un cuchillo demasiado frío como para notar el dolor al instante. 


Sin más, abandonaste este mundo, mí mundo. Volando o sin volar, pero te tomaste tu tiempo para preparar la pista de aterrizaje. Aterrizo yo de las nubes, de un batacazo, aún con el sabor a cielo en la punta de la lengua. Y como si no hubiese ocurrido nada, me dispongo a echar el vuelo de nuevo. Qué ridícula me siento entonces, dándome cuenta de que, en realidad, siempre lo he sido. 

Aprovecho para desearte que descanses en paz. Realmente es todo un logro desaparecer como tú lo has hecho, porque lo peor de todo es que, habiendo muerto, tu corazón sigue latiendo y no ha habido ningún entierro en el que vestirse de luto.



(NOTA: Éste es un escrito del 2009, que comparto aquí y ahora con el fin de que no desaparezca del todo en el olvido, guardado en alguna carpeta que alguien perderá. Algunos fragmentos del texto original han sido suprimidos y/o modificados)

martes, 11 de septiembre de 2012

Las estrellas se ven mejor a las 5 de la madrugada.

Al asomarse a la ventana se podía percibir el hedor que los contenedores desprendían unos metros más abajo de su nariz. La basura se acumulaba por toda la acera, creando un nido de suciedad, infecciones y mierda. Por lo visto algunas personas no iban a tomarse la molestia de dejar todas esas bolsas, desechos, muebles y ropa, en un lugar más adecuado. Lo miraba con asco y pena. Ella siempre había deseado hacer desaparecer la suciedad, como si fuese un súper poder. Resulta algo absurdo, pero siempre le había producido una especie de sensación de calma presenciar cómo algo se limpiaba. Por eso le gustaba tanto ver los anuncios cutres de productos de limpieza del teletienda.

Pero al mirar al cielo, la cara se le iluminó. Éste no estaba tan oscuro como a ella le gustaría, debido a la contaminación, pero las estrellas y la luna brillaban con fuerza. Había, sobretodo, una estrella que la tenía hipnotizada con su tenue parpadeo. "Quizá se puede observar mejor el cielo a las 5 de la madrugada", pensó. Le sorprendía aquella maravillosa visión, como si fuese una salvación, como si fuese encontrar una respuesta. Obviamente, no la hubo.

Empezó a contar los puntitos brillantes, pero tenía que asomarse demasiado para ver bien aquel techo desgastado, que era eclipsado por edificios lo suficientemene altos para que desease que no estuvieran."Tengo que ir a algún sitio más elevado y despejado para poder observar mejor las constelaciones... Algún día." Ay, qué lástima. Podríamos haber subido a la azotea a contar las estrellas alguna noche de verano. A hacernos preguntas idiotas. Y a reírnos.

Y cruelmente, el olor putrefacto le hace volver a la realidad.